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El arte de la guerra, el ego y la batalla que Aleks Syntek perdió.

Writer: Rayo Vargas
Rayo Vargas
Sep 18
3 min read

Updated: Sep 19




El arte de la guerra de Sun Tzu sigue vigente más de dos mil años después de haber sido escrito. Sus ideas salieron del campo de batalla y encontraron lugar en prácticamente cualquier terreno donde existan competencia, estrategia, disciplina y ambición.


Deportistas, empresarios, entrenadores, artistas y personas dedicadas a todo tipo de disciplinas han encontrado en Sun Tzu una manera distinta de entender el éxito.


Pero quizá una de sus mayores lecciones no tiene que ver con vencer al enemigo.


Tiene que ver con mirarse a uno mismo antes de buscarlo afuera.


Porque cuando algo comienza a fallar en tu negocio, en tu familia, en tu equipo o en tu proyecto, lo primero que hacemos muchas veces es buscar culpables.


El mercado.


La competencia.


Los demás.


La mala suerte.


El público.


Las nuevas generaciones.


Cualquier cosa que nos permita evitar la pregunta incómoda:


¿Qué estoy haciendo yo mal?


Ser crítico contigo mismo no significa castigarte. Significa prepararte.


Porque para derrotar cualquier vicisitud —esa palabra que tanto usamos para nombrar los golpes inesperados de la vida— primero tienes que saber a quién estás enfrentando.


Y después viene una pregunta todavía más cabrona:


¿Estoy preparado para enfrentar a este nuevo enemigo?


Porque quizá el enemigo ya no es el mismo.


El terreno cambió.


Las reglas cambiaron.


Los recursos cambiaron.


Y tú también tendrías que haber cambiado.


Sun Tzu te obligaría a revisar el mapa antes de mandar al ejército al frente.


Tus fortalezas.


Tus debilidades.


Tus recursos.


Tus errores.


Y también las condiciones del terreno.


Porque puedes tener al mejor ejército del mundo y perder una batalla simplemente por no haber entendido dónde estabas parado.


Eso mismo sucede en la vida.


Y sucede muchísimo en la industria musical.


Hay creadores que fueron enormes en una época determinada y que, con el paso de los años, descubren que el mundo dejó de funcionar como ellos esperaban.


El problema no es envejecer.


El problema es envejecer sin actualizar el mapa.


Aleks Syntek resulta un ejemplo inevitable para abrir esta conversación. No porque haya que convertirlo en villano, sino porque su trayectoria permite plantear una pregunta interesante sobre los artistas que alguna vez estuvieron en el centro de la conversación:


¿Qué haces cuando descubres que ya no ocupas el mismo lugar que ocupabas antes?


Puedes pelear contra lo que llegó después.


Puedes descalificar los géneros que no entiendes.


Puedes culpar al público.


Puedes convertir la nostalgia en argumento.


O puedes hacer algo mucho más difícil:


transformar tu experiencia en legado.


Porque un músico con décadas de oficio tiene algo que

un artista que apenas comienza todavía no posee: experiencia.


Puede producir.


Puede descubrir talentos.


Puede formar músicos.


Puede abrir una academia.


Puede crear una disquera.


Puede convertirse en plataforma.


Puede enseñar.


Puede construir algo que sobreviva a su propia etapa de protagonismo.


El verdadero capital de un artista veterano no necesariamente está en

seguir siendo el protagonista.


Está en todo lo que puede construir cuando acepta que quizá ya no necesita serlo.


Y aquí aparece una de las trampas más peligrosas del éxito:

confundir una etapa exitosa con una condición permanente.


Te acostumbras tanto a que las cosas funcionen que empiezas a pensar que el éxito te pertenece.


Te crees la gallina de los huevos de oro.


Y entonces dejas de invertir en la granja.


Hasta que un día descubres que la gallina ya no pone huevos como antes y, en lugar de preguntarte qué pasó, empiezas a culpar a las gallinas nuevas.


Ahí el ego comienza a tomar el mando.


Y cuando el ego se convierte en general, cualquier ejército está en problemas.


No necesitas amar aquello que llegó después para entenderlo.


No necesitas hacer reguetón para comprender el fenómeno del reguetón.


No necesitas escuchar corridos para saber por qué conectan con millones.


No necesitas perseguir cada tendencia para seguir siendo tú.


Pero sí necesitas conocer el terreno en el que estás jugando.


Porque cuando un creador deja de mirar hacia afuera con curiosidad y deja de mirar hacia adentro con honestidad, comienza a suceder algo peligroso:


su obra sigue avanzando, pero él se queda viviendo dentro de ella.


Y entonces ocurre la verdadera derrota.


No cuando aparece alguien más joven.


No cuando llega un género nuevo.


No cuando el público cambia.


La derrota ocurre cuando el ego te convence de que todos esos cambios son el problema y nunca te permite preguntarte qué podrías hacer tú con ellos.


Tal vez esa sea una de las grandes enseñanzas de Sun Tzu para cualquier creador, empresario, padre, director o líder:


Antes de buscar al enemigo, revisa al general. porque a veces


No necesitas ganar otra batalla. Necesitas aprender a construir algo que sobreviva cuando la batalla termine.

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